2015-09-13

CNNFrancisco Devia Aldunate, abogado y diplomático chileno ante OEA.

Siete años tenía en septiembre de 1973, por lo tanto no fui un protagonista de ese convulsionado mes, sin embargo, fui un modesto testigo de la crisis política, social y económica, ocasionada por una anarquía generalizada, instigada tanto por el Gobierno como por la oposición de la época. El país estaba profundamente dividido y eso se palpaba en el ambiente, por lo que la preocupación de mis padres era genuina. La política transformó a los adversarios, en enemigos irreconciliables, parodiando a Carl Schmitt.

La historia que relataré brevemente es verídica y he decidido publicarla porque pienso que las nuevas generaciones deben entender que el ex General, Presidente o Dictador Pinochet, llámele señor lector como usted quiera, no fue un extraterrestre que decidió un día cualquiera organizar un Pronunciamiento o Golpe de Estado.

Pinochet no se entiende sin el Ex Presidente o Compañero Presidente Salvador Allende, tampoco ambos, sin el contexto de la Guerra Fría. En definitiva, el Gobierno de la Unidad Popular fue un experimento socio-político que fracasó por diversas razones, tanto internas como externas, de las cuales no me pronunciaré por ahora.

El relato transcurre el día 9 o 10 de septiembre de 1973, VI región. En ese lugar se encontraba entonces en construcción una Subestación Eléctrica de la entonces Empresa Nacional de Electricidad (ENDESA). Profesionales y obreros trabajan diariamente en dicho cometido, al menos en el papel, según afirmaría mi fuente.

Una de las primeras dificultades que experimentó la relación patrón-obrero, hoy empleador-empleado, fue que el Sindicato de Obreros de la citada faena estaba controlado por el Partido Comunista, y su Directiva se empecinaba en participar en todas aquellas manifestaciones que tuvieran como propósito apoyar al Presidente Compañero Allende, lo cual significaba suspender las actividades hasta el día siguiente, retrasándose con ello el término de la obra.

En virtud de lo anterior, el representante de los profesionales ante ese Sindicato, quien era considerado por los empleados como ¨Momio¨, o lo que en la nomenclatura marxista leninista sería un pequeño burgués, solicitó una entrevista con la Directiva Sindical, ya que a su juicio, no se avanzaba lo suficiente por falta de compromiso de los empleados.

La Directiva Sindical decidió escuchar en una Asamblea o Reunión Ampliada lo que tenía que decir ese joven profesional, pues ellos eran simples representantes de las bases, del Pueblo y en consecuencia, acordaron un día para tal evento.

· Buenos días compañeros, como ustedes saben hay cierta inquietud de la clase patronal por las ausencias y salidas a Santiago en defensa de nuestro querido Presidente Compañero Allende. Por lo tanto, hemos decidido escuchar al ¨compañero X ¨ para que nos explique su preocupación.

Sube al pódium el ¨compañero X¨ y mirando fijamente al Directorio del Sindicato y luego a todos los obreros presentes, señaló:

· En primer lugar, me llamo XX y no soy compañero de ninguno de los aquí presente, pues como algunos de ustedes saben, estudié Viña del Mar y por lo tanto no reconozco a ninguno de ustedes como compañero de curso ni del Colegio ni de la Universidad.

El asombro que provocó esa intervención descolocó no sólo a la audiencia sino que también a la Directiva, cuyas caras reflejaron asombro por la osadía de las palabras pronunciadas.

· En segundo lugar, no me interesa la política contingente. Si ustedes quieren ir a ver y saludar al Presidente Allende pueden hacerlo fuera de su horario de trabajo, pues existe amplia libertad para ello. Sin embargo, en horario de trabajo está prohibido abandonar la faena, salvo causa justificada.

· Por último, si pese a todo lo anterior, deciden sumarse a las manifestaciones en apoyo del Presidente Allende, deberán restituir las horas de absentismo, pues debemos terminar de construir esta Subestación, pues para esos no pagan, afirmó con absoluta convicción.

Terminada la intervención del joven XX, no hubo aplausos ni menos vítores. Sólo un incómodo silencio que fue interrumpido por el Presidente del Sindicato quien dio por concluida la Asamblea, diciendo:

· Compañeros eso es todo por hoy, los mantendremos informados.

La molestia e irritación de la Directiva era palpable. Se acercaron furiosos al mentado profesional y le dijeron que cómo se atrevía a desafiarlos.

· ¿A caso no recuerda quien gobernaba el país? ¿Quién es usted para obligarlos a trabajar? El Pueblo decide cómo y cuándo se termina esta obra, compañero X.

La respuesta no se dejó esperar.

· Mientras yo esté a cargo de esta faena, es mi deber y obligación velar porque se ejecuten las obras en los plazos previstos.

Esa noche, cuando se retiraba a dormir el joven XX, se le acercó intempestivamente uno de los asistentes de la Asamblea, quien era un asesor de nacionalidad extranjera (en ese tiempo aparecieron compañeros cubanos, peruanos, bolivianos quienes vinieron a ser parte del sueño socialista de Chile) y le dijo:

· Oiga compañero X, usted tiene familia

· Claro que tengo familia, ¿por qué la pregunta?

· Porque hoy no nos gustaron sus palabras. No vaya a ser cosa que le pase algo, a usted o a su familia, digo yo.

Y sin que tuviese tiempo para responderle, se marchó bajo la oscuridad de la noche, el imprevisto compañero.

Continuará

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